miércoles, 17 de noviembre de 2010

Espiral infinita

La magia del misterio.-

Desde muy temprana edad surgió en mí, de forma espontánea, la curiosidad y el interés por conocer a gente desconocida, de otras zonas de España y del mundo a través del uso de la palabra escrita, ya que la escritura siempre fue un lenguaje que me gustó y con el que me sentía cómoda.

Con tan sólo doce o catorce años disfrutaba leyendo en las revistas semanales los anuncios de gente que buscaba amistad por carta. Eran tiempos en los que ni si quiera habíamos oído hablar de Internet y el hábito de escribir cartas, primero a mano y luego a través de ordenador, estaba consolidado. Escribir cada una de aquellas cartas a gente desconocida despertaba en mí un alto grado de ilusión, pero regresar cada día del colegio o del instituto con la esperanza de encontrar en el buzón una carta de respuesta me llenaba de más entusiasmo aún. Se trataba de cosas sencillas: dar a conocer un poco tu vida, tu pueblo, enviar alguna foto, algún folleto turístico…. Pero era una aventura fascinante, conocer otra gente, otros sitios, otras culturas…

Durante la época de instituto se abrió la posibilidad de abrir nuevos campos con la experiencia de los “penfriends”, que no eran más que un puñado de direcciones postales que podías comprar por el módico precio de veinte duros, eligiendo el país de destino que más te gustara. Era una forma bastante interesante de practicar el idioma extranjero, en mi caso el inglés. Así, escribí y recibí cartas de Malta, Inglaterra, Rusia, Armenia, USA……hasta que poco a poco la gente se iba cansando de escribir y hacían que se perdiera el contacto. No obstante, hubo una excepción: una “penfriend” de Finlandia demostraba tener tanta curiosidad por una cultura diferente, tanta fuerza de voluntad y constancia como mostraba yo.

Así, hoy día, después de más de 15 años desde que nos escribiéramos la primera carta, aquella finlandesa desconocida se ha convertido en una de mis mejores amigas, a la que he visto varias veces en persona y hemos compartido juntas momentos muy importantes de nuestras vidas. Puede que parezca una situación un poco extraña para quien no haya vivido una experiencia así, pero es la sensación de que conoces muy a fondo a la otra persona a pesar de que hayas hablado frente a ella apenas 5 ó 6 veces. Es la convicción de conocer a la otra persona a fondo porque más de 15 años avalan una estrecha y detallada comunicación de miles y miles de aspectos generales y personales de nuestras vidas. Sabes cuál ha sido su experiencia, sus ideales, su forma de pensar, su estilo de vida….. Creo que algunos de los que consideramos a menudo nuestros “amigos”, a esos con los que todos los días nos vamos a tomar la cerveza o la copa puede que no los conozcamos tanto a pesar de haber compartido con ellos, cara a cara, montones de horas.

Y bueno…pasó el tiempo, cambiaron los tiempos y ahora pasamos la mayoría de nuestro tiempo diario sentados delante de una pantalla de ordenador. Internet ha revolucionado nuestras vidas. Es ahora cuando se ha extendido de forma casi generalizada la tendencia de conocer a gente a la que no le vemos la cara. Sin embargo, a la vez, se ha extendido la creencia (sobre todo entre la gente más mayor) de que ésta no es una buena forma para conocer a gente y que incluso puede ser peligroso.

Como todo en esta vida, puede ser bueno o puede ser malo, pero no más ni menos bueno o malo que cualquier otra experiencia que podamos tener con gente conocida en la calle directamente. Mentirosos hay en todos sitios, gente peligrosa corre por cada rincón de esta sociedad y el verle o no verle la cara no nos garantiza nada.

Desde mi experiencia particular, puedo decir que he recibido más satisfacciones que disgustos de la aventura de conocer a la gente sin saber cuál es su cara en principio, sin saber qué tono de voz tenían… Quizás sea porque haya tenido suerte o quizás sea porque la palabra escrita invita más a la reflexión, porque supone un mayor esfuerzo expresarla y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo, porque es una comunicación en la que importa menos el aspecto físico y más el contenido de fondo…

Sólo puedo decir que a día de hoy no sólo tengo como una de mis mejores amigas a una antigua “penfriend”, me he casado con un hombre que conocí en persona pero que no habría llegado a ser mi marido sin la intervención de internet, y mejoro uno de mis hobbies (la fotografía) a través de un foro de internet, con un grupo Nicks que ahora son personas encantadoras con las que comparto no sólo mi pasión por la fotografía sino también mi vida personal.

V12/11/2010

viernes, 12 de noviembre de 2010

Espinas vistosas.

EL POR QUÉ DE LA MISERIA.-

A diario nos encontramos con días difíciles, con situaciones complicadas que queremos superar, ambiciones que queremos alcanzar pero que no nos atrevemos a pretender porque la cultura que nos rodea y que nos ha acompañado desde antes del nacimiento no nos lo permite.

Nos encontramos inmersos en un sistema integral (educativo, social, religioso, político etc.) que nos condiciona consciente e inconscientemente, aunque muchas veces ni nos demos cuenta.

El sistema nos incita y más bien nos “obliga” a ser obedientes, humildes, callados, respetuosos, pobres, poco ambiciosos, conformistas y un sin fin de calificativos más.

¿Y por qué ser pobre cuando se puede ser rico? ¿Por qué ser callados cuando se puede y se debe hablar para mejorar nuestro día a día? ¿Por qué ser conformistas? ¿Por qué ser poco ambiciosos? ¿A quién se le hace daño pretendiendo unas metas personales que no tienen como fin quitarle nada a nadie?

La historia de nuestra cultura nos demuestra que la gran mayoría de las instituciones (la Iglesia, el Gobierno, el sistema educativo…) siempre han estado interesados en tenernos controlados para tener el poder y así disponer de la facultad de hacer y deshacer a su antojo. La religión nos hace creer que sólo siendo pobre, desdichado, y desafortunado podremos entrar en el reino de los cielos. ¿No será quizás que si fuéramos ricos, felices y disfrutáramos de plenitud personal ya no necesitaríamos la religión?
¿Por qué ser rico es malo? Siempre se nos ha hecho ver que la riqueza es sinónimo de maldad. Los ricos siempre son los malos en las películas y se relacionan con la gente sin escrúpulos. Y bueno, aunque fuera posible admitir que muchas veces el dinero pudiera llevarnos a centrarnos casi exclusivamente en las cosas materiales no siempre tiene por qué ser así. Afirmar lo contrario supondría tanto como decir que todo el que compra un martillo es un asesino. Evidentemente la persona que tiene un martillo podría matar a otra, pero eso no lo hace el martillo sino la persona que hay detrás de él.

En los años 80 varios estudios decían que en un futuro próximo la Tierra no sería capaz de producir alimento para la población que se preveía tener porque los recursos eran limitados y, por lo tanto, cuanta más población hubiera, o cuantos más ricos hubiera más pobres existirían. Aquellos estudios nunca se previeron las posibilidades que con el paso del tiempo se han hecho realidad como son una mayor productividad de las tierras gracias a los avances tecnológicos. Con lo cual, esto demuestra que tener más no significa robarle nada a los demás ya que los recursos son ilimitados. Normalmente el que se hace rico es porque ha inventado o revolucionado algún sector que beneficia al resto de la población, con lo cual, aunque aumente su riqueza, también aumenta el bienestar del resto (salvemos aquí la excepción de la situación extrema en la que viven los países tercermundistas, desde mi punto de vista muchas veces deseada e interesada por los países ricos).

Por lo tanto, mientras no hay interés en fastidiar a los demás, no veo el inconveniente en querer ser rico, ser ambicioso, inconformista….. Pero claro, ¿como va a promover el sistema esto si entonces pondríamos en entredicho al Gobierno, por ejemplo? Les interesa más tenernos acorralados como ovejas, conformándonos con su lucha en favor de nuestra libertad aunque realmente nos estén encauzando por la vía del engaño amansador/eliminador de mentes pensantes.

Es hora de descubrir el trasfondo de la tendencia imperante, de despojarnos de los prejuicios históricos que nos convierten en corderitos. Es tiempo de pensar por nosotros mismos y de rescatar nuestra propia identidad.

V1/10/2010