viernes, 12 de noviembre de 2010

EL POR QUÉ DE LA MISERIA.-

A diario nos encontramos con días difíciles, con situaciones complicadas que queremos superar, ambiciones que queremos alcanzar pero que no nos atrevemos a pretender porque la cultura que nos rodea y que nos ha acompañado desde antes del nacimiento no nos lo permite.

Nos encontramos inmersos en un sistema integral (educativo, social, religioso, político etc.) que nos condiciona consciente e inconscientemente, aunque muchas veces ni nos demos cuenta.

El sistema nos incita y más bien nos “obliga” a ser obedientes, humildes, callados, respetuosos, pobres, poco ambiciosos, conformistas y un sin fin de calificativos más.

¿Y por qué ser pobre cuando se puede ser rico? ¿Por qué ser callados cuando se puede y se debe hablar para mejorar nuestro día a día? ¿Por qué ser conformistas? ¿Por qué ser poco ambiciosos? ¿A quién se le hace daño pretendiendo unas metas personales que no tienen como fin quitarle nada a nadie?

La historia de nuestra cultura nos demuestra que la gran mayoría de las instituciones (la Iglesia, el Gobierno, el sistema educativo…) siempre han estado interesados en tenernos controlados para tener el poder y así disponer de la facultad de hacer y deshacer a su antojo. La religión nos hace creer que sólo siendo pobre, desdichado, y desafortunado podremos entrar en el reino de los cielos. ¿No será quizás que si fuéramos ricos, felices y disfrutáramos de plenitud personal ya no necesitaríamos la religión?
¿Por qué ser rico es malo? Siempre se nos ha hecho ver que la riqueza es sinónimo de maldad. Los ricos siempre son los malos en las películas y se relacionan con la gente sin escrúpulos. Y bueno, aunque fuera posible admitir que muchas veces el dinero pudiera llevarnos a centrarnos casi exclusivamente en las cosas materiales no siempre tiene por qué ser así. Afirmar lo contrario supondría tanto como decir que todo el que compra un martillo es un asesino. Evidentemente la persona que tiene un martillo podría matar a otra, pero eso no lo hace el martillo sino la persona que hay detrás de él.

En los años 80 varios estudios decían que en un futuro próximo la Tierra no sería capaz de producir alimento para la población que se preveía tener porque los recursos eran limitados y, por lo tanto, cuanta más población hubiera, o cuantos más ricos hubiera más pobres existirían. Aquellos estudios nunca se previeron las posibilidades que con el paso del tiempo se han hecho realidad como son una mayor productividad de las tierras gracias a los avances tecnológicos. Con lo cual, esto demuestra que tener más no significa robarle nada a los demás ya que los recursos son ilimitados. Normalmente el que se hace rico es porque ha inventado o revolucionado algún sector que beneficia al resto de la población, con lo cual, aunque aumente su riqueza, también aumenta el bienestar del resto (salvemos aquí la excepción de la situación extrema en la que viven los países tercermundistas, desde mi punto de vista muchas veces deseada e interesada por los países ricos).

Por lo tanto, mientras no hay interés en fastidiar a los demás, no veo el inconveniente en querer ser rico, ser ambicioso, inconformista….. Pero claro, ¿como va a promover el sistema esto si entonces pondríamos en entredicho al Gobierno, por ejemplo? Les interesa más tenernos acorralados como ovejas, conformándonos con su lucha en favor de nuestra libertad aunque realmente nos estén encauzando por la vía del engaño amansador/eliminador de mentes pensantes.

Es hora de descubrir el trasfondo de la tendencia imperante, de despojarnos de los prejuicios históricos que nos convierten en corderitos. Es tiempo de pensar por nosotros mismos y de rescatar nuestra propia identidad.

V1/10/2010

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